jueves, 22 de febrero de 2018

Ayudando a nuestros hijos


Nuestros hijos no aprenden lo que les enseñamos, aprenden de nosotros, de nuestros miedos, nuestros hábitos, nuestras ilusiones, nuestros valores y nuestros sueños.

¿Cómo ayudamos a nuestros hijos? Sobre todo fomentando el afecto, la empatía y el buen clima familiar. Aceptarlos como son, teniendo muy presente que ante todo son niños y que como tales, tienen unas características que no deben ser ignoradas ni subestimadas.

El Dr. Javier Berché Cruz, experto en altas capacidades, nos indica una serie de consejos que pueden contribuir a favorecer las relaciones familiares entre padres e hijos con altas capacidades:

1. Ellos necesitan amor, pero también control; atención, pero también disciplina; autodependencia y responsabilidad.
2.  La concordancia entre los sistemas de valores de los padres es importante. No tienen que existir grandes desacuerdos entre ellos. Las pautas educativas deben ser comunes y aceptadas por ambos progenitores. Si estos niños perciben fisuras entre ellos, pueden aprovechar esa situación. No nos olvidemos que son muy inteligentes y tienden a manipular hechos.
3.  Los padres deben involucrar a sus hijos en tareas a edades tempranas, tales como: la autonomía en actividades cotidianas, contar, saber las horas, usar correctamente el vocabulario y la pronunciación, desenvolverse por el entorno más cercano… todo ello enfocado a desarrollar la responsabilidad. Este va a ser el pilar básico en la evolución personal, pero también muy importante en el académico.
4.     Los padres deben enfatizar la expresión verbal, la lectura, discusiones o debates de ideas; potenciar la poesía y la música que ayudan a expresarse; favorecer una buena actuación en la escuela… Nos gustaría resaltar en este punto que el objetivo de la intervención en el colegio no debe ser únicamente el “brillante rendimiento académico”, hay otros factores ligados a las AACC          –creatividad, relaciones sociales, comportamiento…- que habrá que potenciar.
5.   Evitar la rutina, mantener una vida familiar sana, activa, rica… esto ayudará a fomentar un clima de tranquilidad en el que todo niño debe desarrollarse.
6.   Hay que enseñar a los niños a manejar los libros y las enciclopedias que haya en casa para ofrecerles recursos y satisfacer su curiosidad intelectual.
7.  Promover salidas a museos, galerías de arte, lugares históricos… de forma que se vayan ampliando sus conocimientos. No debemos limitar este tipo de actividades a las que se hagan en los centros educativos. El hecho de realizarlas con la familia es muy importante ya que perciben a su núcleo como parte activa de su educación.
8.   Los padres no deben callarse ante un niño que hace preguntas ni regañarle porque parezcan impropias o incluso prohibidas. Hay que tratar de dar unas respuestas satisfactorias y, si no podemos responderles, orientarles hacia una fuente de información que les ayude a resolver sus dudas.
9.  Hay diferencias entre “empujar” y “estimular” intelectualmente. Hablaríamos de “sobre estimular” en lugar de empujar. Existen casos de niños que están agotados y abarrotados de información por parte de sus padres, y como hemos dicho con anterioridad, son estos los que los exhiben entre sus familiares y amigos.
10. El niño con altas capacidades tiene habitualmente un amplio y versátil abanico de intereses, pero puede ser incapaz de concentrarse en un área por largos periodos de tiempo. De ahí que la familia deba estimular también sus aficiones y hobbies.
11. No tenemos que reprimir sus actitudes directas, indirectas o no habladas –las fantasías, los amigos imaginarios- o sus juegos inusuales. No debemos reírnos de ellos, sino divertirnos con ellos, comentar sus ideas y continuar los temas.
12. Los padres tienen que evitar sobre estructurar su vida y permitirles libertad; sobre todo en cosas no importantes para que asuman responsabilidades y se den cuenta de sus actuaciones.
13. La familia no debe presumir ni extralimitarse en su autoridad, excepto en los casos de crisis; es decir, hay ocasiones en las que los niños abusan de su capacidad de diálogo, y la conversación puede incluso no tener fin… y va dirigida a conseguir un objetivo para su propio beneficio (hablamos de conseguir acostarse más tarde, ir a algún sitio, ponerse lo que quieran de ropa…). En estas ocasiones, mantener una actitud firma ante una demanda resulta bastante difícil.
14. Los niños son impacientes con los convencionalismos, se les debe hablar francamente sobre la importancia de estos.
15. Dialogar sobre la necesidad de respetar reglas disciplinarias. Normalmente, ellos tienen muy desarrollado el sentido del deber y prefieren un argumento racionalizado.
16. Estimular sus habilidades con actividades privadas; es decir, formar parte de grupos diferentes a los habituales de su centro educativo, donde las oportunidades de formación o relación sean diversas. Proporcionarle ocasiones de viajar solos cuando sean mayores y de visitar a sus amigos.
17. Mejorar su sentido del gusto a través de los medios de comunicación: televisión, radio, cine, lectura…; debatir sobre “las bases” de los diferentes gustos, opiniones y aficiones; proporcionar experiencias con nuevas formas de expresión a través de las diferentes ramas artísticas (música, pintura, mimo…). En definitiva, facilitarles que se muestren “como adultos”.
18. Dedicarles parte del tiempo exclusivamente a ellos, escucharlos con atención y conversar razonando.
19. Los padres, por supuesto, deben ser “buenos ejemplos” para los niños. También es adecuado presentarles personajes valiosos e interesantes de ambos sexos que hayan sobresalido a lo largo de la historia.
20. Mantenerse informados sobre las diferentes becas y ayudas, tanto específicas para el alumnado con alta capacidad intelectual, como sobre cualquier ayuda relacionada con los estudios y formación en general (cursos de verano, idiomas, salidas al extranjero, intercambios culturales…)
21. Trabajar para hacer que la sociedad comprenda el concepto de altas capacidades intelectuales, haciendo todo lo que esté en las manos de cada uno para conseguir eliminar los falsos mitos y tabúes relacionados con este tema.
22. Ofrecer el apoyo necesario a la acción comunitaria para la puesta en marcha de los programas educativos especiales para ellos.

Además, no debemos olvidar la influencia de la familia en el rendimiento académico de sus hijos y, más en el caso de las altas capacidades. Está comprobada la relación entre el clima familiar positivo, intereses personales elevados y oferta de un soporte emocional adecuado con un buen rendimiento académico y éxito escolar de los hijos. También favorecerá su integración social y su desarrollo emocional, todos ellos factores necesarios para un buen crecimiento personal.
  


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